viernes, 26 de junio de 2020

¿PAN Y VINO? (reflexión sobre la presencia real de Jesucristo)







¿Pan y vino?
No... Ya no, ya dejaron de ser pan y vino después de la Consagración. Nuestros sentidos, a nivel humano, sólo perciben lo que eran, pero ya no son... pero por la FE sabemos que ES CRISTO MISMO, VIVO Y RESUCITADO.
Él mismo lo dijo: "tomad y comed, esto es mi cuerpo" (Mt 26, 26)..."bebed todos de ella, porque ésta es mi sangre" (Mt 26, 28).

Sí, hermano, hermana...es Dios mismo el que está ahí, Jesús resucitado, Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad...¡ES ÉL!

No es un recuerdo, no es una metáfora, no es una imagen que apunta a otra realidad...¡ES ÉL!...¡ES JESÚS!
En la Consagración se da ese milagro maravilloso, a través del sacerdote, ese milagro de que pan y vino se convierten (es la transubstanciación) en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, EN ÉL MISMO.


Y con el sacerdote pasa algo extraordinario... otro milagro. A partir de su ordenación, en la que los sacerdotes son ungidos con el santo óleo...ellos son "alter Christus"...son otro Cristo, es Cristo quien vive y se manifiesta en ellos de una manera palpable. 

Vemos al sacerdote en la celebración de los sacramentos, nuestros sentidos humanos sólo le perciben a él, pero por la FE sabemos que es Cristo mismo quien celebra los sacramentos... así que, hermana, hermano, no te fijes sólo en lo que tus ojos ven, porque es Cristo vivo y resucitado el que actúa en y a través del sacerdote, que es una persona de carne y hueso, con sus virtudes y pecados, con sus necesidades, como cualquiera de nosotros.



Oremos por nuestros sacerdotes...lo han dejado todo para seguir a Cristo y servirLe sirviendo a todos aquellos que Dios les ha encomendado. Se entregan día y noche a la misión que les ha sido encomendada... necesitan de nuestro apoyo, cariño, ayuda, colaboración y oración. 

Ellos tienen sus dificultades, como las tenemos nosotros...cuidémoslos como un regalo precioso que nos ha hecho Dios y pongámonos manos a la obra cada uno de nosotros, laicos, llamados a vivir y llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra.

Vivamos en hermandad y amor, pues el deseo de nuestro amado Jesús era y es que los demás conozcan que somos Sus discípulos por el amor que nos tenemos los unos a los otros (Jn 13, 35: "por el amor que os tengáis los unos a  los otros reconocerán todos que sois discípulos míos").

Lydia de la Trinidad

viernes, 5 de junio de 2020

TRES LLAMAS DE UN MISMO FUEGO (Poesía a la Santísima Trinidad)




Tres llamas de un mismo fuego,
tres personas, solo un Dios,
que me llena, que me habita,
que me ofrece su calor.

Dios vivo que es amor puro,
entrelazado en tres, compartido,
Dios vivo que es Trino y Uno,
que es todo don, buen amigo.

Tres llamas de un mismo fuego,
tres personas, sólo un Dios,
que se hace pan y caricia,
consuelo, entrega, corazón.

¡Cómo agradecer al Señor
su constante presencia, 
su infinita misericordia,
su consuelo, abrazo y perdón!.

Gracias, mi Dios Uno y Trino,
a Ti que eres comunión,
y nos invitas a ser uno, 
contigo, en el Amor.

Gracias porque la alegría
que rebosas, y el amor,
nos las ofreces junto contigo
cada día, en cada ocasión.

A Ti yo quiero cantarte,
agradecer tanta bondad,
y no cesar de alabarte
desde mi fragilidad.

Gracias, Señor por tu vida,
gracias, Señor, por tu amor,
gracias por ser luz y guía,
gracias por todo, Señor.

A Ti, Padre cariñoso,
Hijo Amado, Espíritu entrañable,
sea siempre la Gloria,
por siempre tu nombre loable.

Lydia de la Trinidad



viernes, 29 de mayo de 2020

POESÍA AL ESPÍRITU SANTO



Desde el primer instante en que comencé a existir tu aliento desbordante no deja en mí de latir. Tu fuerza, tu cariño, no ha cesado de envolverme, y en tus manos, como un niño siempre he querido ponerme. Sé que la luz que en mí brilla es puro don gratuito, y tu presencia sencilla para mí es lo mas bonito. Tu llama mi alma encendió, y mi vida, por entero, en amor se consumió iluminando el sendero. Tu agua mi sed apaga, me da energía y vigor; Ésto con nada se paga, es, con mucho, lo mejor. Tu brisa alivia mis penas, me anima y me consuela, y yo, a manos llenas, dejo un “gracias” como estela. Me has marcado con tu sello, me has tocado y transformado. Descubrí en Ti lo mas bello, es que me has enamorado. Tu amor no tiene comparación, es inmenso, sin medida, ese amor es mi pasión y da sentido a mi vida. ¿Cómo puedo agradecerte todo lo que haces por mí, la gracia de conocerte y de vivir junto a mí? Lydia de la Trinidad



domingo, 24 de mayo de 2020

DIOS ES AMOR


El Amor de Dios no pasa nunca, no se agota... Es como un manantial inagotable. El amor de Dios nos seduce y enamora, nos atrae dulcemente hacia el Corazón Santísimo y bondadosísimo de Dios.

El amor de Dios no es un atributo más...es ÉL MISMO... porque DIOS ES AMOR.



El amor de Dios no es para elucubrar sobre él... El amor de Dios es para vivirlo, para acogerlo, para dejarse transformar, sanar y curar totalmente.

Perdóname hermano, hermana si al hablar del amor de Dios me quedo corta...pero es que Su Amor es infinito y las palabras humanas no llegan a describirlo.

Dejémonos de palabras y pongámonos en los brazos amorosos y misericordiosos de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dejemos de balbucear, que es lo que hacemos cuando en nuestra ignorancia e incapacidad humana tratamos de hablar de Dios... dejémonos de balbucear, que es lo que hacen los bebés, y pongámonos directamente ante EL AMOR DE LOS AMORES.

¿Quieres saber cuánto te ama Dios? Pues ábrete a Él, a Su acción, a Su presencia amorosa y misericordiosa...pero no trates de comprenderlo a nivel mental...vive desde tu corazón y tu alma, dispuesto a dejarte sorprender y cautivar ante Aquel que no se puede encasillar, ni comprender por completo, porque Dios es siempre más, y distinto y diferente a lo que nuestra racionalidad se imagina.

Jesús, el Hijo de Dios vivo vino a decirnos quién era Dios, como era...y Él, que era y es Dios, fue y ES el rostro visible del Dios invisible.



¿Quieres saber cuánto te ama Dios?
Mira a Jesús...lee y medita el Evangelio, empápate de la vida y palabras de Jesús.


¿Quieres saber cuánto te ama Dios?
Pues vete a estar con Él que está realmente presente en la Eucaristía, en el Pan y Vino consagrados, que ya no son pan y vino, aunque aparentemente lo parezcan...es JESÚS VIVO Y RESUCITADO...es DIOS AMOR, que por amor se ha quedado en esa presencia sacramental y tan real...




¿Quieres saber cuánto te ama Dios? 
Recíbele en la Eucaristía. Prepárate para este banquete celestial permitiendo que Dios te limpie y purifique...y adéntrate en el misterio con total confianza en Dios. Si sabes que te ama y te ama tanto que es capaz de entregar Su vida por ti y de perdonar siempre... entonces hermana, hermano, no tengas miedo de acercarte a Él, pues en Él encontrarás el bálsamo y medicina que necesita tu alma y corazón... encontrarás el cobijo, refugio y protección que necesitas, encontrarás el aliento y la fuerza que requieres para seguir caminando...





...Encontrarás ese manantial inagotable de amor, ternura, misericordia, compasión y bondad...por eso hermana, hermano, por favor, si has llegado a leer hasta aquí: ponte ahora a orar, desde el lugar y realidad en la que te encuentres y déjate confiadamente en el AMOR de Dios. 

Y cuando te sea posible... visita al AMOR DE LOS AMORES...visita a Jesús, ve al Sagrario, ve a adorarLe en la Custodia y no busques más que abandonarte en Él confiadamente. Nadie te ama como Él ... Ve, ve hermano, hermana a Su encuentro, quédate con Él y no te separes nunca de Él, de Su Amor. Amén.

Lydia de la Trinidad

martes, 12 de mayo de 2020

TU VELITA





Jesús, Amor, Amigo,
quiero ser esa vela encendida,
esa vela que junto al Sagrario está, 

que habla y grita sin articular palabra 
y dice con amor y adoración:

“Es mi amado el que ahí está,
en la Hostia consagrada,
Dios y Hombre verdadero, 

Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad”.

Quiero ser esa vela, Jesús, 
que apunte e indique,
con vida, alma y corazón... 

¡ES JESÚS, ES EL SEÑOR, 
ACUDID A ÉL,
QUE ES VUESTRO DIOS-AMOR!

Quiero ser esa iluminaria 
que arde junto al Sagrario, 
que no habla, pero brilla,
y aunque su luz palidece 

ante Quien ES la LUZ,
todo su ser indica y muestra: 

¡ADÓRALE, ÁMALE!...
¡ES JESÚS!

Mi vida tiene sentido, Señor, 
si vive para alabarte,
para amarte, para adorarte... 

si vive para servirte
y a los hermanos llevarte.

Quiero, mi Dios amado,
ser altavoz sin hablar,
y el que hable, Amor mío, seas Tú, 

y muestres a los demás
tu amor, tu misericordia y bondad.


Quiero postrarme ante Ti, 
mi Dios bendito y amado
y traerte a mis hermanos, 

rogar por ellos y entregarme.

Quiero adorarte aquí,
donde Tú estás, en este Pan santo, 

que ya no es pan, que eres Tú,
que es ya Dios Hijo,
vivo y resucitado.


Amado Amor, Amor divino, 
Jesús amable, bueno, adorado, 
hazme voz de los sin voz
y hazme tu voz hecha canto.


Que no quiero hablar de mí, 
que quiero hablarles de Ti... 
y de ellos quiero hablarte 
cuando venga, a tu Sagrario,
a adorarte.

Vela, lucero, luminaria,
Luz quiero ser, Dios sincero,
Dios amando, Dios amante,
Dios amor, Amor vivo y verdadero.


Que si me ven y a Ti acuden,
porque en mí te ven y a Ti te indico 

para que ellos, mis hermanos,
con amor y devoción se acerquen a Ti...


oh, mi Dios, entonces
mi vida habrá tenido sentido...
pues el sentido de mi vida eres Tú.
Y si a Ti te aman, te siguen, te sirven... 

entonces, yo, mi Amor, soy feliz,

entonces mi gozo es pleno
si mis hermanos y yo,
todos juntos, en amor,
unidos a Ti, Trinidad, permanecemos.


¡Ay, mi querido Dios!
¡qué feliz me haces
al permitirme estar Contigo! 

Contigo en el Sacramento, 
Contigo y unida a Ti.

Que aunque no sé nada
y sin Ti nada puedo, 

Contigo lo tengo todo 
Dios vivo, Dios verdadero.

Tu velita soy, Jesús,
y así quiero gastarme, 

indicando a todos dónde está 
el Amor de los Amores,
Aquel que dio su vida entera
y se entregó por los pecadores.


No hay nadie que nos ame como Tú... 
y ojalá no hubiera nadie
que te quisiera menos que yo...
pues entonces, mi buen Dios, 

¡cuánto te amarían todos!,
pues has puesto en mí tu Amor, 
y es con él con el que te amo yo.

Ay, mi Dios-Amor Jesús, 
Hombre y Dios verdadero,
que estás en la Custodia,
en el Sagrario, Tú, todo entero.


Ay, mi Dios-Amor bendito, 
que te amo, que te adoro, 
que del todo a Ti me rindo.

Con María, tu Madre y la mía,
te alabo, te canto y te adoro,
y con los ángeles del cielo entono
un GLORIA eterno, verdadero y bello.


Lydia de la Trinidad

jueves, 7 de mayo de 2020

HE ENCONTRADO UN TESORO (mi experiencia de Dios).


      Quien ha encontrado un amigo ha encontrado un tesoro (Eclesiástico 6,14)…pues yo te puedo asegurar que he encontrado un tesoro, amigo mío, amiga mía. Sí. Este tesoro es de incalculable valor, es más, no se puede valorar humanamente, pues es infinito. Mira, hermano, hermana, encontré a Dios, o más bien, Dios, que me creó y me enamoró, me vino a buscar, desde siempre. Dios es mi tesoro, Dios es mi alegría, mi dicha y felicidad. Y Dios es mi sanador, sí, pues a lo largo de mi vida he sufrido de distintas maneras y tengo mis heridas, esas que no se ven, pero que duelen, y mucho, y que a veces sangran de manera incruenta, pero real y dolorosamente. Y Dios es el que me sana, me cura, me restaura. 



      He encontrado en Él lo que no encontré muchas veces en los humanos. Siempre flaqueamos de algo, siempre estamos carentes de algo. Pero ÉL, que es mi Dios, y mi amor, me acepta tal y como soy, me quiere así, tal cual soy, con mis debilidades, pequeñeces y fallos, con mis grandezas y virtudes (que no son mías, que me las regaló Él). Él no me juzga, ni me condena (como han hecho otros de manera inmisericorde, o yo misma, que también lo he hecho, y sí, me he hecho mucho daño al hacerlo). Él me abraza, me estrecha junto a Su Corazón y me permite descansar en Él. ÉL, sí, Jesús, Dios y hombre verdadero. 

A lo largo de mi vida algunas personas (y yo misma, sin saberlo en ese momento) me han herido…y Jesús viene a mi encuentro y me cura. Hay personas que a lo largo de mi vida me han pisado, pisoteado, sí, sí, para ponerse ellas por encima. Sin embargo, viene Jesús a mi vida y me levanta, y se pone a mis pies para servirme, y me hace una criatura nueva. Hay personas que han hablado mal de mí, me han criticado, me han maldecido…y viene Jesús a mi vida, a mi encuentro y me regala bendiciones y amor hecho palabra, gesto, vida, Su Vida



      Hay personas que me han mirado con odio, desprecio e ira, y yo misma me he mirado así en ocasiones…pero la mirada de Jesús, tan tierna y amorosa, tan sublime, llena de consuelo y compasión me ha renovado, me ha devuelto la vida, esa vida plena y bella, vida en abundancia de su gracia y amor. 

      Hay gente que me ha rechazado, que no me ha querido y miro a Jesús y Él me ha querido siempre, me ha amado siempre, y siempre me amará. Y estoy segura de que nunca me rechazará…ÉL no actúa como muchas veces actuamos los humanos de manera tan inhumana. Y no sólo no me rechaza, sino que cuando estoy en el suelo, por mis caídas y fallos, ÉL me invita a echarme a Sus brazos amorosos, me llama a ir a Su lado sin perder ni un momento con sentimientos que no sirven nada mas que para alejarme de Él o hundirme (la culpa, la vergüenza, el miedo). Cuando algunos me han podido rechazar, Él, mi Dios, mi Amor y mi Tesoro, me ha acogido con un amor sin igual.



      Hay gente que me ha hecho llorar a lo largo del camino, o yo he llorado ante sus embistes…y Jesús, mi Amor querido, ha enjugado mis lágrimas, y es ÉL quien me ha enseñado a sonreír y a ser feliz, después de pasar por las lúgubres cavernas del sin sentido, la soledad, la depresión y la oscuridad.

      Hay quien malinterpreta tus acciones y motivaciones, pero Dios, que conoce lo profundo del corazón, me muestra la verdad que hay en mí sin hacerme sentir mal, porque Él quiere siempre mi bien. 

      ¿Que he metido la pata muchas veces? …¡pues claro!. ¿Que ha salido de mi corazón, de mis labios, de mis acciones y pensamientos mucho amor? ...¡pues claro que sí! 

    Dios se ha derramado en mí de manera copiosa e incesante…y ¡cuánto bueno y bello y verdadero ha hecho brotar en mí! No me quiero apuntar los puntos como si hubiera sido yo la que he conseguido todo esto. Esto, hermanos, no se consigue con esfuerzo, es gracia, es gratis, es regalo gratuito y desinteresado de Dios, que es nuestro Padre, que nos ama y que ama a través nuestro, si le dejamos actuar. Es Su acción en mí, así que los puntos hay que apuntárselos a Él. 



      ¿Ves por qué decía al principio que he encontrado un tesoro? Bueno, tal vez lo expresé mal, no es que haya encontrado UN tesoro, es que encontré EL TESORO. No hay tesoro mayor que Dios. No hay nada, ni nadie comparable con Él. Encontré en ÉL un Amigo, un Padre-Madre, un Esposo, un Defensor, un Consolador, un Maestro, un Guía… encontrándole a Él encontré todo lo que necesitaba y podía desear. Con Él, además, aprendo a disfrutar de la vida, de tantas cosas buenas y bellas que ÉL ha creado; con Él busco y procuro el Reino de Dios, que no hay nada más maravilloso y extremadamente valioso y formidable. Es el Reino del amor, de la misericordia y compasión, de la acogida, de la comprensión, de la gracia. Es ÉL siendo en cada uno de sus hijos e hijas. ¡Menuda maravilla, a la que Dios nos llama e invita a participar!

      Hermano, hermana, te invito a entrar a este Reino. Te invito a participar y disfrutar. Hermano, hermana, Dios es el anfitrión, quien te acoge, te invita, te sirve y te alimenta de ÉL mismo. No hay nada mejor, ni mayor, ni mas estupendo que Dios y lo que ÉL te ofrece. Si no conoces todavía a Dios te recomiendo que te acerques a Él como puedas, como sepas. Si no sabes como hacerlo deja que ÉL te busque y encuentre, y te cargue sobre sus hombros, como Buen Pastor que es, el Buen Pastor que dio su vida por las ovejas, por todos. 



      Hermano, hermana, si quieres disfrutar del TESORO del que te hablo abre tu corazón y deja que Dios lo llene por entero, verás qué maravilloso es Dios, qué bueno, bondadoso y misericordioso. Nada de lo que hayas visto y experimentado puede compararse con Él. Así que, hermano, bienvenido al Reino de Dios, bienvenido a Su casa, a Su morada, que es ÉL mismo. Amén. 

Lydia de la Trinidad

miércoles, 6 de mayo de 2020

ILUMÍNAME, ALIÉNTAME (oración al Espíritu Santo)








Oh, Espíritu de Dios,
ilumina mi ceguera,
convierte mi corazón, 
hazme una persona buena.

Que tu vida me aliente,
que tu luz me ilumine,
que tu brisa me conforte,
que tu amor se manifieste.

Quiero ser como un velero
que navega en alta mar,
impulsada por tu viento,
dejándome por Ti llevar.

Toma mi vida entera,
lléname, mi Dios, de Ti,
haz que por Ti viva y muera,
y que contigo sea feliz.

Que tu felicidad
se contagie a mi paso.
A todos los que me vean
envuélvelos en tu abrazo.

Gracias te doy, mi Dios,
porque siempre estás conmigo,
por tu presencia continua, 
por ser mi mejor amigo.

Bendición y alabanza
sean dadas al autor
de la vida y la esperanza,
al Amor, que es creador. 

Lydia de la Trinidad